Y cuando todo el mundo se iba y nos quedábamos los dos entre vasos vacíos y ceniceros sucios,qué hermoso era saber que estabas ahí como un remanso,solo conmigo al borde de la noche,y que durabas, eras más que el tiempo,eras la que no se iba porque una misma almohada y una misma tibieza iba a llamarnos otra vez a despertar al nuevo día,juntos, riendo, despeinados.
sábado, 23 de agosto de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario